Decirte, con Gibrán,
que tu mano de arquero
guió felicidad
es un pobre consuelo.
Decirte, amiga mía,
que ése es nuestro sino:
Fructificar y luego
despejar los caminos
Solo puedo ofrecerte
esta oreja, y mi hombro
para que cuando quieras
los uses a tu antojo.
Mandame tus colaboraciones a relatosfrentealfuego@gmail.com
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