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A la Alondra

Decirte, con Gibrán,
que tu mano de arquero
guió felicidad
es un pobre consuelo.

Decirte, amiga mía,
que ése es nuestro sino:
Fructificar y luego
despejar los caminos

Solo puedo ofrecerte
esta oreja, y mi hombro
para que cuando quieras
los uses a tu antojo.

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